EL concejal de Juventud del Ayuntamiento de Illueca [Zaragoza], villa natal del Papa Luna, ha promovido una moción a través de la cual se debatirá el cambio de nombre de una calle de dicho pueblo dedicada al General Franco, para que en adelante se llame del Chiki Chiki. Supongo que en homenaje al humorista Chiquilicuatre, con cuya canción representará a España en el Festival de Eurovisión.
Pero no es solo eso, el partido al que representa conocido como Chunta Aragonesista, antes parece ser que en Aragón a lo que ahora es Chunta siempre se le llamó Junta, propone otro cambio; que una plaza dedicada al General Primo de Rivera, en adelante sea conocida por el de Héroes del Silencio; y para completar el tercio, un callejón actualmente sin nombre, que se le dedique a un grupo rapero, también maño; llamado Violadores del Verso.
La idea, según don Rubén, que este es el nombre del ocurrente concejal, era protestar pero de forma divertida, eso sí, contra el nombre de la calle; y lo hizo, según parece, en el programa de un humorista. La reacción no se hizo esperar y, siempre según él, los acontecimientos inesperados fueros amenazas e insultos; “un espectáculo dantesco propio de otro siglo, mientras que la juventud que él representa vive en el actual”.
Y no contento con lo arriba expuesto, ha abierto una página en Internet para que en ella tengan opción, quienes lo deseen, de “aceptar o rechazar” la trayectoria ecuménica de su ilustre hijo. Es decir, que la juventud del pueblo a la que él representa, “que vive el siglo actual”; de pronto se transforme en juez, con capacidad suficiente para aceptar o rechazar, las circunstancias que concurrieron siglos atrás para que quizá uno de sus más ilustres hijos, si no el más, llegara a ocupar la Cátedra de San Pedro.
Todo ello con humor, mucho humor y la defensa a ultranza de toda la juventud del pueblo que rápidamente “se ha volcado”, organizando una fiesta flamenca, jazz y actuaciones improvisadas, que habrán llevado a cabo el pasado Sábado, preámbulo por tanto de la moción que el pasado Lunes se habrá debatido en el Ayuntamiento illuecano.
Dice la sabiduría popular que mal camino no puede llevar a buen pueblo. Yo, plenamente identificado con el viejo axioma, observo perplejo cómo y de qué manera poco a poco nos vamos deteriorando, al punto de llegar a renegar de nuestras propias raíces. Y ello, dentro de un solar en el que hubo en tiempo en que nunca se llegaba a poner el sol; y que por añadidura, éste año conmemora el Bicentenario de aquella gesta gloriosa en la que tanto madrileños, como aragoneses o catalanes; andaluces, manchegos o extremeños; todo el pueblo español en fin, se levantó contra el invasor, en defensa de unos valores patrios.
La misma España que muchos años después, superada una larga marcha, fue capaz de iniciar una transición, dar forma a su Carta Magna y ofrecer a sus hijos unos años de tranquilidad y progreso para después víctima del más grave atentado jamás sufrido, iniciar un progresivo declive cuyo final pese a todo resulta difícil de imaginar en estos momentos.
Cabe pensar que nuestra democracia se iniciara sin nosotros estar debidamente preparados para ella. Cabe que aquellos gobernantes de la transición no se preocuparan de inculcarnos el verdadero sentido de la misma, luego de unos años de incuria política; y el pueblo llano, al interpretarla a su libre albedrío, y considerando que Democracia es libertad, ha llegado a confundir ésta con libertinaje y, consecuencia de ello, a ‘ignorar’ que el derecho de uno mismo termina donde comienza el de su vecino. El resultado produce la sensación de un tiempo perdido que en su discurrir, si no ponemos todos de nuestra parte un especial interés por recuperar el recto proceder, correremos el riesgo de un peligroso retroceso. Un retroceso del que no cabe imputar toda la culpa a nuestros actuales gobernantes, quizá ellos hacen única y exclusivamente lo que saben, llegan hasta donde pueden; si no dan para más...
Pero nosotros, el pueblo, tenemos la obligación de ser críticos con ellos a fin de que su actitud al margen de ideales políticos, se encauce siempre pensando en el bien común y tratando, eso sí, de no herir susceptibilidades que, eso sí que sería un mal camino el cual deberíamos evitar a toda costa.
Qué sentirán dentro de sus tumbas Agustina Zaragoza, Manuela Malasaña, Daoiz, Velarde, los Generales Palafox o Castaños, el Teniente Ruiz; Andrés Torrejón, el tambor del Bruch, o aquel tío Jorge de leyenda, capaz de enardecer al pueblo llano, héroe anónimo al fin; que un día ahora hace doscientos años no dudó en rebelarse contra aquel genio de ambición en defensa de un concepto sagrado llamado Patria.
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