HACE ya un tiempo dos amables lectoras opinaban acerca del contenido de mi artículo LA NUEVA ESPAÑA. La primera admitía que quizá tuviera razón en lo expuesto, pero consideraba necesario “educar en valores democráticos comunes a todos, y no dejar la educación al libre albedrío de los maestros de turno”. Consideraba sin embargo, que no todos los maestros son “moralmente constitucionales[...] Pues se dejan demasiados temas como educación ‘transversal’, y luego el currículo –que siguen marcando de manera dictatorial los libros de texto y no los criterios pedagógicos de los maestros-; que no deja tiempo para temas tan educativos o más que las asignaturas instrumentales”.
La segunda, Maestra ella, consideraba que: “Educar en la tolerancia, la igualdad, los valores democráticos y constitucionales son necesarios”. Piensa que no se trata de “adoctrinar a nadie”, y opina: “Que por desgracia la asignatura es necesaria y por tanto se le debe dedicar un espacio propio, si bien se pueden discutir los contenidos de algunas editoriales; pues bastante adoctrinados están los niños hoy día, que sus padres eligen la asignatura de religión católica, por supuesto”.
Conviene sin embargo, en: “Que son posturas, que enfrentadas, buscan un mismo fin; la buena educación de sus hijos, de calidad y un mundo mejor, más tolerante, solidario y justo”; para terminar admitiendo que resultaría importante sentarnos todos y buscar una buena solución consensuada “... ya que a los que hacen las leyes se les olvida preguntarnos a los que estamos en las aulas, a los que tenemos hijos, a los ciudadanos de a pie[...]”.
Yo le sugería que se asomara a esa Educación para la Ciudadanía. [Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho], donde vería en ella cosas muy jugosas; capítulos tan intensos como: "Algunos todavía pensamos que la democracia comenzará un día ahí donde se ponga fin al chantaje con el que el capitalismo educa para la ciudadanía", o que: "Franco fusiló a varios centenares de miles de personas, encarceló, torturó y amedrentó a dos generaciones, y cuando al fin murió ‘los verdugos’ se sentaron a discutir y le ‘regalaron’ a la población española una transición democrática". Respecto a Libertad y Dignidad de la mujer, se explica de forma meridiana; “... si porque soy mujer me comporto como corresponde comportarse a las mujeres, es fácil caer en la cuenta de que seguro me estaré haciendo sierva de un sinfín de prejuicios y costumbres machistas que han instituido, mediante servidumbres y mil microscópicas tiranías, que lo propio de la mujer es hacer esto y lo otro, lavar los platos o conservar la virginidad hasta el matrimonio, o vete a saber”. Según los autores: "... si por el capitalismo fuera se buscaría el medio para que los hijos nacieran “embotellados” para si es necesario enviarlos cada día a un sitio distinto". De la Constitución nada de nada.
Quizá sepa por su profesión, que en España no existe libro oficial para esta asignatura ni para ninguna, a pesar de que el presidente del Gobierno cuando el Debate del Estado de la Nación, mostrase el Manual de la Editorial de los Marianistas, hecho que denota claramente que el Gobierno con este o aquel manual ha creado una herramienta que puede ser utilizada para transmitir legalmente esperpentos ideológicos como el publicado por Akal.
En mi artículo ¿Error ú Omisión? del pasado día 30 de julio, me refería sobre lo manifestado por el presidente del Gobierno con ocasión de la clausura del 23 Congreso de las Juventudes Socialista, cuando con voz convenientemente engolada afirmó "... que ninguna creencia o fe puede imponerse a las leyes", o que "... la tarea de tener buenos ciudadanos es tarea de todos". Un mensaje dirigido directamente hacia la Iglesia Católica, al Partido Popular y, a un tercero en discordia: el Foro de la Familia, que en uso de sus derechos lucha porque el Ministerio rectifique acerca de dicha asignatura en debida forma.
Una línea coincidente con Mitterrand, cuando en la oposición aseguraba que: "Para hacer la revolución, ya no era necesario tomar el Palacio de Invierno, bastaba con tomar la escuela". Y ahora nuestro socialismo, convertido en papá Estado, pretende nada menos que guiar el pensamiento de nuestras jóvenes generaciones, sin tener en cuenta a quiénes de verdad les corresponde tan alta función: los padres. Así de sencillo.
Olvida nuestro presidente del Gobierno, y según parece la Maestra, que la sociedad española recientemente ha quedado definida como una sociedad tolerante, satisfecha de sí misma, y consciente de los problemas generales. ¡Ah! y un pequeño detalle, el 74% es de fe católica, razón por la cual quizá quede justificado el hecho de que esos padres impongan con pleno derecho la asignatura de Religión para sus hijos. Quizá piensen que será suficiente cuando ya mayores éstos; los adoctrinadores que no los Maestros, traten de atraerlos hacia otras doctrinas, quizá más atractivas para según qué objetivos.
Yo ignoro si nuestro presidente es consciente de lo peor de la política, una cuestión de suma importancia habida cuenta que esos pequeños inconvenientes son los que, en definitiva, marcan la pauta en el día a día, que según opinión de sir Harold Macmillan, respondiendo a una pregunta al respecto contestó categórico, que: "Lo peor de la política eran los acontecimientos". Unos acontecimientos que, en este caso, después de una legislatura vencida, una economía en evidente riesgo; con hogares y empresas fuertemente endeudadas [sólo la deuda familiar supone el 86% del PIB], una mayoría de puestos de trabajo sin futuro y una tasa de temporalidad del 31%, y si a ello se le añade el elevado déficit exterior, una presión fiscal varios puntos por encima de la heredada, caeremos en la cuenta que el socialismo tiene problemas de mucho más calado que el de imponer asignaturas de obligado cumplimiento: y eso corriendo el riesgo de vulnerar la propia Constitución.
Tratar de asumir competencias que no le son propias, en lugar de como bien dice vigilar que los maestros -no educadores- asuman su responsabilidad de forma eficiente. Esto es, instruyendo a nuestros hijos dentro de las competencias lógicas de su magisterio, lectura de los clásicos incluida. El resto corresponde a los padres, que son en verdad los obligados a formar a sus hijos de forma que en su día sean capaces de ser “buenos ciudadanos”, enseñándoles a caminar por la vida con garantía de futuro.
Lo demás quizá sean esos "acontecimientos" de la política, siempre con más sombras que luces.
al_hanbor@yahoo.es