VAYA por delante mi supina ignorancia respecto del baremo o norma por el que se llega a regir, en esta caso un Ayuntamiento, cuando de reconocer los méritos de un vecino o colectivo se trata. Desconozco si una vez elegidos estos, la decisión se toma por mayoría simple, absoluta o quórum preestablecido. Pequeño detalle quizá, para el ciudadano de a pie pero que, pese a todo, adquiere toda su importancia cuando de homenajes se trata.
Su trascendencia y significado, aun cuando sea local, puede llegar a superar sus propios límites; y es entonces, no ya por los posibles olvidados, cuando puede surgir la controversia, y llegar incluso a ponerse en tela de juicio la capacidad de discernimiento de aquellas personas que se vieron involucradas en tales decisiones.
Y este es el caso del reciente homenaje que el municipio de un pueblo, cuyo nombre no hace el caso, ha dedicado a la mujer nativa o no, pero que ha dejado constancia de su bien hacer al servicio de la población. Visto así, cabe su aceptación, bien entendido que todo ser humano que aporte algo útil a su comunidad siempre es merecedor del reconocimiento público.
Que una persona, mujer u hombre, se desvele por el bienestar de los demás merece el total reconocimiento y consideración; que un entusiasta de la poesía o la literatura, con más o menos conocimiento de la métrica, mujer u hombre [y aun cuando haya necesitado llegar a la senectud para que empiece a creer en ella] se le reconozca su ilusión y su afán de superación, puede resultar comprensible. Pero que una persona, mujer u hombre, en una habitación de su casa reúna por unas horas a 30 o 40 críos durante todos los días de la semana, de Lunes a Sábado, nunca tal labor podrá relacionarse con el Magisterio y, mucho menos, equiparar la misma a la de un titular de la enseñanza, debidamente respaldado por una adecuada capacitación; por muy adelantada que pudiera ser a su tiempo,
Son pequeños detalles que, sinceramente, pueden llegar a desacreditar la excelencia; más si ellos son la continuación de la pertinacia en el error, pues llueve sobre mojado. Tengo entendido que no es el primer reconocimiento que se hace a personas cuyo único mérito es el de haber recogido a críos durante horas en su casa, “haberles enseñado las cuatro reglas” y a lo sumo haber enseñado a coser y bordar a las niñas, cosa que está muy bien pero que no justifica el que a tal persona se le dedique una calle; mucho menos que se le considere Maestro, mientras que a verdaderos Maestros que dedicaron toda su vida a la docencia se les continua ignorando.
Porque luego pasa lo que pasa, el “Streets Guide” del municipio se puede llegar a resentir ostensiblemente, cuando se ignora de forma recalcitrante, que Alonso Quijano, El Bueno, y Don Quijote de la Mancha son el mismo personaje.
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