Carreño

DESDE LA MANCHA

Historias y Ritos

DECÍAMOS AYER... Como a niños

29/11/2008

   

N

OS tratan como a niños, o al menos lo intentan. Cuando inasequible al desaliento nuestra progresía insiste una y otra vez, siempre basada sobre su particular memoria que, naturalmente y según parece continúa bastante deteriorada, ya que tal se deduce de los inequívocos signos negativos que en ella aparecen; no sé si cometidos ex profeso o es que, de verdad, son síntomas irreversibles.

   Porque no cabe pensar que al echar mano de la historia, con total descaro lleguen a proclamar únicamente pasajes proclives a sus intereses ocultando a su vez otros, también históricos, sucedidos precisamente a partir del advenimiento de aquella II República cuya memoria, siempre de forma parcial, intentan recuperar tan afanosamente.

   Dice Cicerón que si ignoras lo que ocurrió antes de que tú nacieras siempre serás un niño, y eso es lo que demuestran ser; niños que mal aprendidos únicamente han llegado hasta asimilar aquella máxima de Goebels de que una mentira mil veces repetida se termina convirtiendo en verdad; y como según el califa cordobés Rafael Guerra Bejarano <<Lo que no puede ser no puede ser; y además es imposible>>, tal ocurre en este caso.

   A los que aun conservamos algo de memoria, nos resulta imposible digerir la falacia de que la Segunda República vino a ser poco menos que la panacea que habría de resolver los múltiples problemas de una sociedad absolutamente empobrecida; cuando la realidad nos dice que desde su advenimiento en lugar de aquella idea tan extendida de que una vez evitados los gastos de la Casa Real en España se iba a disfrutar de abundancia y felicidad cuando lo que realmente sucedió fue lo contrario. Es decir, lo que ya existía pero corregido y aumentado; pero con la agravante de que aquellos republicanos, Azaña especialmente, actuaron con una falta de generosidad palmaria.

   Como si la República fuera cosa propia sus mítines eran un puro alarde de provocación, hasta el punto de afirmar en uno de ellos celebrado en la plaza de Toros de Madrid, mientras las iglesias españolas ardían: <<... que todas ellas juntas no valían la vida de un solo republicano.>> Cuando después se perdieron tantas vidas, quizá arrepentido, en 1938 dicho político [Paz, Piedad y Perdón] se desesperaba llamando a la concordia desde Barcelona, a través de su obra teatral <<La velada de Benicarló>>

   Atrás quedaba cuando al no disponer de los votos suficientes, él mismo no dudó en unirse al socialismo radical que junto a los catalanes, a los que ya había dado su Estatuto, fueron los responsables del levantamiento de Asturias en 1934 –cuatro mil muertos fueron la consecuencia-; represión coordinada desde Madrid y dirigida por el general de División Francisco Franco, que como militar estaba a las órdenes de aquella República, organizando las columnas a cuyo mando estaban los generales Yagüe y Solchaga entre otros.

   Auténtica tragedia en un país desmoralizado y dividido entre los partidarios de la represión y sus detractores, sin que con ella los vencedores quedaran tranquilos y mucho menos los vencidos, seguros éstos de que aquella derrota era únicamente un alto en el camino durante el cual corregirían errores a la vez que se aprestarían para la batalla siguiente; y, efectivamente, aquello fue el preludio de lo que sucedió en julio de 1936 después de una pendiente de violencia que se inicia a partir de las elecciones de febrero y culmina con la muerte de José Calvo Sotelo.

   Cuando muchos años después un político, señorito progre él, decía: que recordaba ver a los obispos saludar brazo en alto a la entrada de las iglesias después de la guerra civil, me venían a la memoria; mejor dicho, en ella permanecen todavía sucedidos también históricos, cuando en plena guerra civil en mi pueblo, precisamente en otra plaza de toros, con ocasión de otro mitin y una vez finalizado éste y con el claro propósito de enardecer a las masas, alguien gritó: <<¡Segadores de Tomelloso! Debéis saber que la hoz que empuñáis no solo sirve para cortar las “mieses”, también sirve para cortar las cabezas de la plutocracia y de la Guardia Civil.>>

   Y, cómo no, también recuerdo las consecuencias posteriores. No en todos los casos “saludando brazo en alto”. Todo ello en su conjunto, me lleva a pensar que mejor sería el olvido piadoso para aquella nefasta Segunda República, por muchas razones ominosa, pues aquellos polvos se convirtieron después en lodo; sin perjuicio de que de su fango saliera airoso el resurgir patrio gracias al esfuerzo de todos. Y a todos nos debe alcanzar el orgullo de haber consolidado una Constitución para a través de ella, después de dejar tanto por el camino, intentar superar desencuentros trágicos del pasado; tantos y de tanta importancia, como para que ahora estos políticos intenten  tratarnos a nosotros como a niños.

   Pienso yo, que no merece la pena dejarnos llevar por ellos con argumentos falaces. Unos argumentos que pueden llevarnos otra vez hasta dejar a la Patria sin pulso y, siempre por razones espurias, enfrentamos al riesgo de perder un bienestar que tanto esfuerzo y lucha nos costó a los que vivimos aquella tragedia.

                                                                                                            al_hanbor@yahoo.es

  

http://carreno.cuadernosciudadanos.net/Juan_Manuel/2008/11/29/deciamos-ayer-como-a-ninos_8/
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